Gestión departamental

Cien días de María René Soruco: una Gobernación que empieza a cambiar de estilo

María René Soruco durante su gestión al frente de la Gobernación de Tarija.

Más que un balance tradicional de obras y resultados, los primeros cien días de la nueva administración muestran una etapa de instalación, ordenamiento institucional y definición de prioridades. Con una Gobernación golpeada financieramente, Soruco apuesta por un liderazgo más técnico, cercano y menos confrontacional, mientras coloca la salud, el turismo y la autonomía en el centro de su agenda. A cien días de haber asumido la Gobernación de Tarija, María René Soruco enfrenta una realidad que no puede separarse de las condiciones en las que recibió la institución: obligaciones acumuladas, compromisos financieros pendientes, recursos limitados y competencias que durante años fueron cargándose sobre las gobernaciones sin los recursos suficientes. Por eso, medir esta primera etapa únicamente con los parámetros tradicionales de la política —obras inauguradas, anuncios, fotografías o resultados inmediatos— puede llevar a una conclusión incompleta. Los primeros cien días de Soruco parecen estar mostrando algo diferente: un proceso de renovación del estilo de gobierno. La primera gobernadora de Tarija llega al cargo con un perfil poco habitual para la política departamental. Abogada, docente universitaria y vinculada a los asuntos constitucionales y autonómicos, no necesita construir desde cero un discurso sobre la autonomía. Su trayectoria está directamente relacionada con este proceso y participó en la elaboración del Estatuto Autonómico de Tarija. Eso explica que su discurso haya buscado alejarse de la consigna y acercarse a la discusión institucional, competencial y fiscal.

Una Gobernación con poco margen financiero

La principal dificultad de esta primera etapa es gobernar una institución con recursos restringidos y obligaciones heredadas. El Prosol, las obligaciones con el sector salud, las canastas para los adultos mayores y la deuda con el Fondo Nacional de Desarrollo Regional forman parte de una realidad financiera que no puede resolverse de un día para otro. El conflicto por el Prosol es una de las expresiones más visibles de esta situación. La Gobernación comenzó a establecer un cronograma de pagos y, paralelamente, identificó problemas legales y obligaciones acumuladas de anteriores gestiones. Algo similar ocurre con las obligaciones del sector salud y la posibilidad de débitos automáticos anunciada desde el nivel central. El debate vuelve a poner sobre la mesa una cuestión estructural: qué competencias debe asumir cada nivel del Estado y con qué recursos debe hacerlo. En ese contexto, estos primeros cien días deben entenderse también como un periodo de ordenamiento y defensa de la capacidad institucional de la Gobernación.

La autonomía vuelve al centro, pero con otro lenguaje

Uno de los elementos más significativos de esta primera etapa es la recuperación de la autonomía como una agenda de gestión y no únicamente como una bandera política. Soruco ha participado activamente en los espacios nacionales de gobernadores y ha colocado la autonomía fiscal, la distribución de recursos y las competencias departamentales en la agenda nacional. El vicegobernador Gonzalo Ávila ha acompañado esta posición y ha destacado el liderazgo de Soruco en la construcción de una agenda por un pacto fiscal más justo. La diferencia está en el método. La autonomía no parece plantearse desde la confrontación permanente con La Paz, sino desde la negociación, la argumentación constitucional y la defensa firme de las competencias departamentales. Y aquí existe una cuestión fundamental: la autonomía no se delega. La responsable política e institucional de ejercerla es la Gobernadora. Los especialistas y equipos técnicos pueden aportar conocimiento y fortalecer las propuestas jurídicas y financieras, pero la conducción autonómica corresponde a quien recibió el mandato ciudadano. En ese marco debe interpretarse la incorporación de técnicos calificados. Más que “nuevos encargados o delegados de la autonomía”, su eventual función debe entenderse como un refuerzo técnico que apoyen una agenda cuya conducción política corresponde a Soruco por mandato del pueblo. La autonomía, necesita una Gobernadora que la ejerza con conocimiento, firmeza y capacidad de negociación, ese es el perfil de María René Soruco.

Salud y turismo: dos prioridades

La salud se ha convertido en uno de los principales focos de atención de la administración. No es casual: es uno de los sectores donde más directamente se mide la capacidad del Estado para responder a las necesidades cotidianas de la población. La prioridad otorgada a este ámbito permite diferenciar el discurso de gestión de una política concentrada exclusivamente en infraestructura y obras físicas. El turismo aparece, a su vez, como una oportunidad para diversificar la economía departamental. Tarija necesita mirar más allá de un modelo basado durante años en los hidrocarburos y construir nuevas fuentes de actividad, empleo e ingresos. La apuesta deberá traducirse en promoción, fortalecimiento de destinos, articulación público-privada, infraestructura y conectividad.

Una nueva forma de ejercer el poder

Quizás el cambio más perceptible de estos primeros cien días no esté en una obra determinada, sino en la forma de ejercer el poder. Soruco representa un estilo político más joven, profesional y menos dependiente de la liturgia tradicional. Hay menos énfasis en la espectacularidad y más en la construcción de equipos, la presencia institucional y el contacto con la ciudadanía. Frente a una cultura política acostumbrada a medir liderazgo por exposición pública, confrontación y presencia mediática, Soruco parece ensayar otra fórmula: firmeza sin estridencia, presencia sin personalismo y autoridad sin convertir cada acción de gobierno en una campaña publicitaria. En ese esquema también aparece una relación de complementariedad con el vicegobernador Gonzalo Ávila, especialmente en la agenda autonómica y fiscal. Existe también un elemento político que no puede ignorarse. Mario Cossío fue el líder histórico de Camino Democrático para el Cambio y tuvo un papel determinante en la construcción política que permitió la llegada de Soruco a la Gobernación. Sin embargo, transcurridos los primeros cien días, la gestión comienza a adquirir una identidad propia. La presencia pública de Cossío ha sido mucho menor de la que algunos podían prever al inicio del proceso. Y eso puede terminar convirtiéndose en uno de los rasgos interesantes de la nueva etapa. Porque una renovación política solo puede ser real si la nueva generación tiene espacio para ejercer el poder con identidad propia. Soruco no necesita negar la historia de Camino Democrático para construir su liderazgo, pero tampoco necesita vivir políticamente a la sombra de quien durante años fue la principal figura de la organización. La transición, en ese sentido, parece estar ocurriendo de manera natural.

Una Tarija firme, pero menos confrontacional

La nueva Gobernación también parece estar modificando la relación de Tarija con el poder central. No significa renunciar a la defensa de los intereses departamentales. Todo lo contrario. La discusión sobre los recursos, el pacto fiscal y las competencias demuestra que Soruco está dispuesta a plantear posiciones firmes. Pero lo hace desde un lenguaje menos confrontacional y más institucional. La participación en espacios nacionales de gobernadores y la búsqueda de acuerdos muestran que la estrategia no consiste en aislar a Tarija, sino en posicionarla en las discusiones nacionales con argumentos propios. El resultado puede ser uno de los principales activos de la gestión: una Tarija que no baja la voz, pero tampoco necesita gritar para hacerse escuchar. El balance de los cien días debería evitar dos extremos: presentar una administración que ya hubiera resuelto los problemas estructurales del departamento o reducir la evaluación a una lista de obligaciones pendientes. La pregunta más pertinente es otra: ¿se está modificando la manera de gobernar? La respuesta parece ser afirmativa. Hay una Gobernación que recibió una situación financiera compleja; una agenda que comienza a priorizar salud, turismo y desarrollo; una reivindicación autonómica que busca recuperar contenido institucional y fiscal; una participación más activa en los espacios nacionales; un equipo que apuesta por perfiles técnicos y jóvenes; y una relación de complementariedad entre la Gobernadora y el Vicegobernador. Todavía faltan resultados concretos y los próximos meses serán decisivos. Pero hay algo que sí puede comenzar a evaluarse después de cien días: el estilo. Y allí aparece una novedad política para Tarija. María René Soruco no parece estar intentando reproducir los modelos tradicionales de liderazgo departamental ni competir en el terreno de la política basada exclusivamente en la exposición, la confrontación o el personalismo. Su apuesta parece ser otra: una Gobernación más profesional, más cercana, menos propagandística y con una identidad política propia. Una Gobernación que pretende ser firme sin ser estridente. Los cien días no alcanzan para juzgar una gestión de cinco años. Pero sí alcanzan para advertir que algo diferente está empezando a ocurrir.