Desastre ambiental en la Cordillera de Sama: incendio devastó casi 10.000 hectáreas y amenaza la principal fuente de agua de Tarija
El fuego consumió 9.949 hectáreas, de las cuales más de 5.200 corresponden a la Reserva Biológica de la Cordillera de Sama. El desastre compromete ecosistemas estratégicos, la biodiversidad y la seguridad hídrica de más de 250.000 habitantes del Valle Central, mientras expertos advierten que la recuperación tomará varios años.
Entre el 16 y el 22 de julio de 2026, la Reserva Biológica de la Cordillera de Sama sufrió uno de los incendios forestales más devastadores de las últimas décadas. Un reporte técnico elaborado mediante imágenes satelitales Sentinel-2 y procesadas en Google Earth Engine por el ingeniero Ricardo Vito Aguilar Guerrero para la organización PROMETA confirmó que el fuego arrasó 9.949,03 hectáreas en tres sectores del Valle Central de Tarija, dejando una profunda huella ambiental sobre uno de los ecosistemas más importantes del departamento.
Más que un incendio forestal, especialistas advierten que se trata de un desastre ambiental de gran magnitud, debido a que 5.278,70 hectáreas del área afectada corresponden a la Reserva Biológica de la Cordillera de Sama, un área protegida creada en 1991 para preservar la biodiversidad y garantizar la regulación hídrica de la cuenca del río Guadalquivir.
Las consecuencias trascienden la pérdida inmediata de vegetación. La Cordillera de Sama constituye la principal fábrica natural de agua del Valle Central de Tarija. Sus bosques, pajonales y bofedales alimentan subcuencas como la del río Tolomosa y el embalse de San Jacinto, infraestructura que abastece de agua potable a más de 250.000 habitantes y sostiene la actividad agrícola y vitivinícola, uno de los pilares económicos de la región.
El análisis técnico identifica al sector La Victoria-Sella como el más afectado, concentrando el 76,83% del área quemada y el 86,67% de la superficie clasificada con severidad alta, el mayor nivel de daño registrado. Le siguen Quirusillas-Alpahuasi y Pinos Sur-Pampa Redonda, este último con una proporción importante de afectación severa pese a su menor extensión.
Aunque cerca del 80% del área incendiada presenta una severidad baja o moderada, lo que permitiría procesos naturales de regeneración en pastizales y matorrales, los especialistas advierten que esta recuperación dependerá de las próximas lluvias y, sobre todo, de que no vuelvan a registrarse incendios durante los siguientes meses. En contraste, 121 hectáreas fueron catalogadas con severidad muy alta, donde el fuego destruyó prácticamente toda la cobertura vegetal, dejando los suelos expuestos a procesos de erosión, deslizamientos y pérdida irreversible de hábitats.
El impacto ambiental va mucho más allá de las cifras. La desaparición de la cobertura vegetal reduce la capacidad del suelo para infiltrar agua, acelera la escorrentía superficial y aumenta el riesgo de sedimentación en ríos y embalses, afectando la calidad y disponibilidad del recurso hídrico. Al mismo tiempo, numerosas especies de flora y fauna silvestre perdieron refugios, áreas de alimentación y espacios de reproducción, alterando el equilibrio ecológico de un ecosistema considerado estratégico para el sur del país.
Ante esta emergencia, PROMETA plantea una hoja de ruta orientada a la restauración ecológica y la prevención de nuevos desastres. La primera fase contempla una evaluación exhaustiva en terreno para determinar la mortalidad de la vegetación, el potencial de rebrote, la profundidad de las cenizas y el riesgo de erosión en laderas y quebradas.
Las acciones deberán priorizar las cabeceras de cuenca, los cursos de agua y los remanentes de bosque nativo con especies como churqui, molle y pino del cerro, fundamentales para la regulación hídrica y la conservación de la biodiversidad.
El informe también recomienda realizar un monitoreo satelital permanente a los 30, 90 y 180 días, además de una nueva evaluación al finalizar la próxima temporada de lluvias mediante índices de vegetación como el NDVI. Paralelamente, propone establecer parcelas permanentes de monitoreo y una base de datos georreferenciada que permita medir la recuperación del ecosistema y orientar futuras intervenciones de restauración.
Asimismo, los especialistas consideran indispensable integrar la información del incendio con la red hidrográfica, caminos y centros poblados para que los municipios de Cercado, San Lorenzo, Uriondo, El Puente, Yunchará y Padcaya desarrollen planes de prevención, manejo del fuego y restauración ambiental antes del inicio de la próxima temporada seca.
El documento concluye que los daños observados constituyen un diagnóstico preliminar y que la verdadera magnitud del desastre solo podrá establecerse mediante verificaciones de campo. Sin embargo, advierte que la recuperación de los ecosistemas altoandinos no será inmediata y podría demandar varios años, especialmente en las zonas donde el fuego alcanzó mayor intensidad.
Para los expertos, la tragedia de la Cordillera de Sama debe marcar un punto de inflexión en la gestión ambiental del departamento. La restauración ecológica deberá ir acompañada de políticas permanentes de prevención, vigilancia y manejo integral del territorio, pues de la conservación de esta área protegida depende no solo la biodiversidad, sino también la seguridad hídrica, la producción agrícola y la calidad de vida de cientos de miles de tarijeños. //Con información de El País/Gobernacion de Tarija