Neuquén impulsa el vino patagónico y se consolida como nueva región vitivinícola junto a Vaca Muerta

La provincia de Neuquén se posiciona como una nueva referencia de la vitivinicultura argentina, concentrando más del 75% de la producción de vino patagónico, en un contexto marcado por el desarrollo energético de Vaca Muerta.

En apenas dos décadas, esta región pasó de no tener viñedos a contar con cerca de 2.000 hectáreas cultivadas, consolidando un modelo basado en identidad, calidad y condiciones naturales únicas.

El clima de la zona, caracterizado por baja humedad, escasas lluvias, fuerte amplitud térmica y vientos constantes, favorece la producción de vinos con alta concentración, acidez marcada y perfiles diferenciados.

La vitivinicultura neuquina no compite en volumen, ya que representa alrededor del 1% de la producción nacional, sino que apuesta por la calidad y la expresión del terroir.

Entre las bodegas pioneras destaca Bodega del Fin del Mundo, una de las principales productoras de la región, junto a proyectos como Malma y Familia Schroeder, que han contribuido a construir la identidad del vino patagónico.

La cepa Pinot Noir se consolidó como emblema regional por su adaptación al clima frío, logrando vinos de gran expresión y reconocimiento.

El desarrollo vitivinícola es posible gracias al uso eficiente del agua proveniente de los ríos Neuquén y Limay, mediante sistemas de riego por goteo que optimizan el recurso en un entorno árido.

Además de San Patricio del Chañar, existen otras zonas productivas como Centenario, Senillosa, la ribera del río Limay, Cutral Co y el norte neuquino, lo que evidencia la diversidad del territorio.

En paralelo, el enoturismo se ha convertido en un motor económico clave, combinando gastronomía regional, paisajes y experiencias vinculadas al vino.

Este crecimiento convive con la actividad hidrocarburífera de Vaca Muerta, en un modelo de diversificación productiva impulsado por las autoridades locales, que buscan posicionar a la provincia más allá del petróleo y el gas.

 

La convivencia entre ambas industrias refleja una estrategia que apuesta por el desarrollo sostenible, integrando producción, turismo y recursos naturales.